Fitoterapia

Aunque ahora disponemos de métodos diversos para utilizar las plantas medicinales -planta seca, extractos, esencias, etc.-, todos estos sistemas siguen teniendo un nexo común: la utilización de la vía digestiva. Esto es una moneda de dos caras, con una de ellas muy saludable gracias a que el hígado neutralizará en parte los posibles efectos perjudiciales de la planta, y otra impidiendo que las sustancias medicinales lleguen rápidamente al torrente sanguíneo. Las infusiones tradicionales, con el calor aplicado de forma discreta, necesitan de una persona consciente y un estómago no excesivamente irritado para poder ser absorbidas, circunstancias que en muchos enfermos no se dan. Es más, aunque el calor líquido provoque la salida al agua de la mayoría de las sustancias presentes en la planta, otras se quedan en la materia dura y algunas de las que salen se modifican a
causa del calor. Estos cambios pueden ser benéficos e incluso potenciar su efectividad, pero también es posible que anulen algunas sustancias imprescindibles. Qué duda cabe que un medicamento no tiene estos límites, pues intramuscularmente y mucho más administrado en vena, llega rápidamente y sin modificar a todo el organismo, aunque esto ocasiona que los efectos secundarios sean con frecuencia muy perjudiciales o letales. Si consiguiéramos disponer de los mismos sistemas de administración que existen para los medicamentos, las plantas medicinales con seguridad pasarían a ser la mejor elección para la curación de los enfermos, la más barata y la que menos efectos secundarios tiene. Pero no hablemos de quimeras en un mundo en el cual la industria del medicamento es casi todopoderosa.
Afortunadamente y merced a estos razonamientos, encontramos ya una explicación al hecho de que una planta tenga efectos extraordinarios en unas personas y apenas nada en otras. También ahora sabemos con certeza cómo conseguir que una planta provoque una acción inmediata, sin necesidad de esperar largas semanas para la mejoría del enfermo. El secreto está simplemente en conocerlas y lograr extraer sus principios medicinales adecuadamente, sin olvidar ninguno. Por fortuna,
recientemente hay un nuevo mercado fitoterápico que recomienda la utilización de la planta fresca (viva), bien sea en forma de zumo o jarabe. Si el tiempo demuestra la veracidad de ésta lógica teoría, estamos a punto de desterrar la planta seca.

LA MANIPULACIÓN

Puesto que disponer de plantas vivas, frescas, es inviable para la mayoría de las personas, una vez convenientemente recolectadas debemos someterlas a ciertas manipulaciones para poder extraer de ellas todo su potencial curativo. Algunas necesitan transformaciones verdaderamente complejas y por tanto, imposibles de realizar en un hogar normal, mientras que otras lo más sensato es que las comamos crudas o mediante una simple infusión.
Las formas más simples para extraer los principios curativos son la decocción, maceración, infusión y extracción de jugos.
Estas manipulaciones, si están bien realizadas, pueden ser de tanta eficacia como otros métodos más complejos de laboratorio y la única diferencia estaría en la valoración de los componentes activos. Mientras que lo que se prepara en casa fluctúa en efectividad y concentración, aquellas reparaciones profesionales suelen tener una concentración y eficacia muy uniforme. De cualquier manera, el factor más decisivo es la buena calidad de la planta, en el sentido que crezca en tierra adecuada, con suficiente lluvia y sol, así como en realizar su recolección en la época y hora del día adecuada

DECOCCIÓN

Se utiliza para extraer los principios activos de plantas muy leñosas, duras o de las raíces, pues solamente de esta manera se puede asegurar que los principios activos pasen al agua. Por desgracia, si la cocción no está bien realizada se pueden deteriorar muchos componentes, bien sea por calor o tiempo excesivo.
Una buena decocción consiste en someter a la planta a ebullición en un recipiente cerrado durante un tiempo variable –5 a 20 minutos (dependiendo de la dureza de la parte utilizada), hasta que la cantidad de agua sea menor que al principio.
Posteriormente, el preparado se complementa con una maceración de algunas horas o días, antes de proceder al filtrado. Este debe realizarse con mucha precaución y cuidado, ya que mediante él solamente debemos eliminar los restos coriáceos de la planta (la fibra bruta), así como las sustancias amorfas que quedan en solución. Aún así, antes de beber el líquido hay que dejarlo reposar y mejor aún filtrarlo con un papel adecuado. Para lograr mejores efectos es recomendable sumergir la planta
en agua fría algunos minutos antes de someterla al calor, pues de esta manera parte de los principios activos pasarían sin modificarse, siendo especialmente útil en las plantas ricas en mucílagos, raíz de malvavisco, por ejemplo.
Como es fácil de comprender, la decocción no es el mejor método para realizar preparaciones en casa, ya que a causa del calor prolongado se eliminan muchos principios activos y se generan algunos nuevos, los cuales no siempre tienen porqué ser benéficos. La ebullición prolongada, si bien logra extraer sustancias especialmente difíciles, también provoca la pérdida de los principios activos volátiles a bajas temperaturas. Por todo ello, se deduce que nunca podremos aprovechar al máximo toda la propiedad curativa de ciertas raíces (bastante más activas que las hojas o flores), salvo que las consumamos masticadas directamente o mediante preparaciones comerciales. El tostado de la raíz de la achicoria, por ejemplo, aumenta la
concentración de minerales y aunque se eliminan algunas vitaminas, el producto final es altamente recomendable.

Infusión

Es el método más utilizado y quizá el más práctico, sobre todo cuando la planta es blanda, frágil, como ocurre con las flores, hojas o yemas. En estos casos, el que las partes a utilizar estén ligeramente secas facilita la concentración de los principios activos y, por tanto, es más fácil que pasen al agua. La infusión permite que la mayoría de las sustancias volátiles pasen fácilmente al agua y lo hagan de manera rápida. El hecho de que la planta esté deshidratada facilita sensiblemente el proceso, aunque para una buena utilización se deberá trocear al máximo la planta medicinal, ya que es así como lograremos poner en contacto con el agua la mayoría de sus jugos o esencias.
Lo ideal sería adquirir la planta entera y trocearla en el momento de preparar la infusión, puesto que si viene troceada del laboratorio muchas sustancias volátiles se pueden haber evaporado durante el proceso de envasado. Por supuesto, el utilizar plantas adquiridas a granel, (al peso) es la peor manera de consumir una planta medicinal. Expuestas al aire y sin la debida protección, no solamente pierden poco a poco sus aceites volátiles, sino que acumulan todo el polvo del exterior contaminándose con sustancias potencialmente dañinas para la salud.
La verdadera infusión se logra vertiendo agua hirviendo sobre una cantidad reducida de planta, preferiblemente en recipientes de vidrio, cerámica o arcilla, pero nunca en nada que contenga metales, los cuales podrían absorberse parcialmente. Una vez bien mezclada las dos partes, se deberá tapar inmediatamente ya que los principios volátiles se comienzan a desprender rápidamente en forma de vapor. Una espera prudencial de 5 a 10 minutos es suficiente para lograr una buena infusión. El filtrado posterior facilitará la eliminación de ciertas partes duras o de polvo residual.
Una manera también bastante extendida es poner primeramente la planta en el agua fría y esperar a que hierba el agua, momento en el cual se retira del fuego y se la somete al reposo. Este método permite que se disuelvan más sustancias en el agua fría y el calor posterior completará la acción.
Una tisana es la disolución del producto resultante de una infusión en una mayor cantidad de agua. Por ejemplo, un vaso de infusión lo mezclaríamos con dos litros de agua. De esta manera, una persona podría beber agua medicinal durante todo el día.
Con ambos procedimientos, tisana e infusión, logramos que pasen al agua los principios activos hidrosolubles, aunque perderemos el resto que queda adherido a la planta. Bastaría prensar enérgicamente ese resto para darnos cuenta de todo lo que vamos a tirar a la basura.

Extractos

Se dividen en secos, blandos y fluidos, y dependiendo del vehículo portador se clasifican en acuosos, hidroalcohólicos,
glicéricos y etéreos. En sí, un extracto es la concentración del jugo de la planta y para lograr esto se le somete a un proceso de
evaporación, aunque también se puede lograr mediante el liofilizado.
Para lograr un extracto se procede a evaporar la parte del jugo en unos recipientes adecuados, generalmente de porcelana,
durante un tiempo variable, según queramos sea la concentración del extracto. A medida en que aumenta el tiempo de
evaporación, así disminuirá la cantidad de agua. Si la evaporamos toda, el extracto se considerará seco, y si conserva
parcialmente el agua, blando. La liofilización se podría considerar un extracto seco, y el blando tendría la consistencia de la
miel. Las pastillas de regaliz es un ejemplo de extracto seco.
Existen otras formas de obtener extractos, usando una solución de agua, propilenglicol, alcohol o éter, que también tienen
grandes aplicaciones. Si utilizamos el éter se denomina extracto etéreo y si es alcohol, hidroalcohólico. Ninguno de los dos
son bien acogidos por los buenos médicos naturistas, aunque lo esencial es el vehículo conservante, ahora en glicerina vegetal.
Una de las ventajas de los extractos es que se puede valorar -y por tanto dosificar- perfectamente la cantidad de dosis y de
principios activos a utilizar. Cada gota de extracto será igual al resto, del principio al fin. Otra gran ventaja es su
conservación, la cual al ser tan dilatada nos permite el almacenamiento durante muchos años de sustancias medicinales que se
dan en épocas cortas y, lo más importante, poder utilizar perfectamente plantas medicinales de otros países. La forma de
administración es muy cómoda, fácil de ingerir y el organismo los ab sorbe con rapidez y eficacia. No obstante, es importante
destacar que cada planta requiere su propio método extractivo, en graduación y temperatura, por lo que se suelen emplear el
prensado en frío de la planta fresca, la digestión, la maceración en frío y en caliente con agua, y la destilación, e incluso una
mezcla de varios. Para refinar el sistema es importante eliminar al final el vehículo extractor mediante su concentración a
vacío, atomización o nebulización.
Para lograr un extracto en el ámbito casero se utilizará la siguiente técnica: se sumergen 100 partes de planta seca triturada y
se deja macerar en suficiente cantidad de alcohol de 60 grados, durante algunas horas. Se recoge después este alcohol y se
vierte de nuevo en la planta. Al cabo de 24 horas se recoge de nuevo. Así sucesivamente hasta que agotemos totalmente la
planta. Posteriormente sería necesaria una destilación para eliminar toda el agua, pero esto es algo difícil de realizar en el
hogar. El líquido resultante se puede conservar así durante mucho tiempo, incluso más de cinco años si lo guardamos en
botellas de cristal oscuro.
Un elixir es una solución alcohólica mezclada con una solución azucarado

Vino medicinal
Quizá la mejor solución para preparar un extracto en casa es el llamado Vino Medicinal, el cual consiste en sumergir la planta
troceada en vino blanco durante un tiempo variable, entre 1 a 15 días. El resultado es un auténtico vino con propiedades
curativas y normalmente de agradable sabor. Para que no se deteriore es muy importante conservarlo alejado de la luz y el
aire, y no preparar cantidades demasiado grandes de una sola vez.
Alcoholatos
Se utilizan alcoholes de 70 o más grados para la maceración y se aparta solamente una pequeña cantidad del líquido destilado
para su consumo. Estas mezclas se hicieron muy populares gracias al Agua de Melisa o el Espíritu de Romero.
Jarabes
Para lograrlos se puede partir de la solución anterior rebajada de alcohol y añadirle azúcar. Otra manera se realiza
preparando previamente el líquido azucarado mediante la disolución en agua del azúcar, hasta que se evapora el agua. Una vez
lograda la concentración deseada, se le añaden las mezclas medicinales. Si queremos que la preparación dure bastante tiempo,
habría que someter nuevamente la mezcla formada a otra ebullición para que aumente su densidad. Por supuesto, en lugar de
azúcar se puede utilizar miel o melazas.
Maceración
Esta técnica consiste en sumergir la planta en agua fría o también en aceite durante un tiempo variable que va desde unas horas
para flores y partes blandas, a varios días para las raíces. Todos aquellos principios que no sean termolábiles (sensibles al
calor) pasarán al líquido. En especial, pasan con facilidad los mucílagos.
Es el método más adecuado para raíces tan fuertes como el Harpagofito o la Bardana, así como para elaborar un aceite de
masajes o de belleza. El medio oleoso conserva muy bien los principios activos durante largo tiempo y podremos así
fabricarnos un pequeño botiquín casero rico en aceite de Hipericón o Consuelda, por ejemplo.
Jugos
Este es un método que está en la actualidad en pleno auge, ya que responde más a la idea de suplemento dietético que a la de
preparación medicinal. Además, es la mejor manera de que las autoridades sanitarias dejen el campo libre a los herbólogos,
sin que piensen que hay injerencias con el mercado farmacéutico. Para los verdaderos naturistas, es la manera idónea de
aprovechar las virtudes de las plantas medicinales.
Para lograr un buen zumo hay que partir de una planta fresca y con abundante contenido líquido. Este líquido contendrá,
además de los principios medicinales, numerosas sales minerales, vitaminas y enzimas, por lo que su eficacia será mayor que
con el resto de las preparaciones. La técnica más empleada es el prensado en frío, ya que así no se modifica la estructura de
los componentes y conservan todas sus propiedades. En el ámbito familiar es más difícil de realizar un prensado y quizá lo
más práctico es la licuadora o una buena exprimidora mecánica. La extracción, por supuesto, se realiza con la planta recién
recolectada.
Aceite medicinal

Se puede lograr de manera sencilla mezclando una parte del extracto de la planta a utilizar con una cantidad mayor de aceite,
el cual puede ser de oliva o de almendras dulces. Otra manera, si no disponemos del extracto, es someter a lenta ebullición el
aceite con la planta troceada, aunque procurando que no se caliente en demasía. Se utiliza mucho para masajes y también para
lograr que se absorban las sustancias medicinales a través de la piel, ya que el frotado facilita su absorción.
Unguentos
Aunque es una forma de utilización ya en declive, es bastante útil para cremas de belleza, ya que el principio activo
permanece largo tiempo actuando sobre la piel. Mezclando manteca de cacao, lanolina o vaselina con aceites esenciales o
liofilizados (por ejemplo caléndula, aloe vera o jalea real), obtendremos una estupenda crema de belleza.
Esencias
Las plantas elaboran su propia esencia para protegerse de los rayos solares y quizá para favorecer la fecundación atrayendo a
los insectos con su perfume. Además de esto los aceites esenciales son extraordinariamente ricos en principios medicinales,
mucho más que el resto de la planta.
Para extraer la parte olorosa de una planta debemos someterla a un proceso de estrujado, lo que se logra mediante el
aplastamiento casero o industrial. Así podremos recoger el líquido resultante, pero aún contendrá agua. Sucesivas
decantaciones irán purificando cada vez más la esencia y dejándola bien pura. A escala industrial se prefiere el método
denominado esfumado, el cual consiste en raspar la superficie de los agrios mediante cuchillas especiales. Otra manera de
obtener esencias es mediante el método de florecimiento en caliente. Las plantas se dejan macerar en recipientes adecuados en
un disolvente graso (aceite de oliva o manteca), el cual se lava a una temperatura de 40 grados Se realizan varias cargas de
plantas hasta que la grasa se satura. Posteriormente habrá que separar la grasa de la esencia.
En último lugar tendríamos la destilación, pero este método es casi patrimonio industrial y poco apto para empleo casero.
Existe una destilación seca, empleada para obtener sustancias como el ácido acético, mediante el cual no se moja en líquido la
materia prima, y la destilación húmeda, más tradicional, que consiste en añadir previamente a la planta agua o alcohol. Con
este procedimiento se obtienen por un lado los aceites esenciales y por otro los líquidos. Los métodos más eficaces son
aquellos en los cuales se hace el vacío para conseguir que las esencias se evaporen a temperaturas inferiores.
A la vista de todo lo expuesto, el lector ya podrá dedicarse poco a poco a realizar sus propias preparaciones naturales
partiendo con preferencia de la planta fresca. Cuando acuda al campo a recogerlas recuerde que son un bien muy preciado
para todos y evite, por tanto, mutilarlas innecesariamente o arrancarlas de raíz.
Con el fin de no Cometer errores, estas son algunas de las reglas más importantes para utilizarlas adecuadamente:
Si no es un experto en botánica no las coja directamente del campo, ya que los errores de identificación pueden costarle
caro. Cómprelas en un herbolario, debidamente envasadas y con la marca del laboratorio.
Antes de emplear una planta medicinal consulte a un profesional.
La forma más adecuada de consumirlas es en infusión. Deje el manejo de extractos o esencias para los expertos.
No emplee esencias en niños ni embarazadas.
Antes de tomar una planta medicinal consulte a un profesional de la medicina para averiguar cuál es su enfermedad, ya que el autodiagnóstico solamente le puede inducir a errores de apreciación.
En las enfermedades graves no suprima la medicación y compagínela con las plantas, pero asesórese bien antes.
No mezcle plantas entre sí indiscriminadamente.

Antecedentes históricos


Las plantas medicinales han ocupado desde la antigüedad un lugar
central en la terapéutica. Inicialmente, por su proximidad natural al
ser humano, se utilizaron siguiendo criterios magicorreligiosos, y
paulatinamente, durante siglos, se fue adquiriendo un conocimiento
empírico, por ensayo-error. Con el nacimiento de la medicina
científica, en la Grecia clásica, se produjo un cambio importante en
el estudio y aplicación de las plantas medicinales: el Corpus
Hippocraticum, la obra médica más representativa de esta época,
denota un interés por alcanzar un conocimiento más profundo de
estas plantas: se citan unas 230 especies vegetales, con su
identificación, la descripción de la parte utilizada, sus efectos sobre
el organismo y sus aplicaciones terapéuticas, la cantidad que debe
formar parte de las recetas, la forma de administración más
conveniente y su posible toxicidad.

Una muestra significativa de la escasa implantación de la
fitoterapia entre los profesionales sanitarios es la reducida literatura
médico-farmacéutica publicada durante la primera mitad del siglo,
entre la cual cabe destacar:
• Précis de Phytotérapie, del médico francés Henry Leclerc (1870-1955),
autor de numerosos artículos sobre fitoterapia publicados en La
Presse Medicale. Leclerc acuñó el término fitoterapia.
• Die Pflanzenheilkunde in der ärztlichen Praxis (1944), de Rudolph
Fritz Weiss (1895-1992), considerado uno de los padres de la
fitoterapia moderna. Este libro es el antecedente de la obra más
conocida y divulgada de este autor, el Lehrbuch der Phytotherapie
(publicado en 1960, cuenta con once ediciones en alemán y dos en
inglés).
En España el panorama fue más sombrío, puesto que hasta la
aparición, en 1982, del libro Plantas medicinales de Margarita
Fernández y Ana Nieto, el primero dirigido a fomentar el uso de la
fitoterapia entre médicos y farmacéuticos, sólo habían existido obras
de carácter divulgativo sobre los usos populares y tradicionales de
las plantas medicinales. Entre ellos destaca, por su gran difusión, el
de Pio Font i Quer (un auténtico best seller en el cual se abordan
aspectos botánicos, usos populares de las plantas y aspectos
históricos) y los de carácter naturista, especialmente los de Adrian
Vander y Sebastian Kneipp.

Ámbito de aplicación


La fitoterapia se utiliza tanto en la prevención y en la mejora de la
calidad de vida, como en el tratamiento de las enfermedades. En
unos casos será suficiente para curar una patología y en otros será el
coadyuvante de otras medicaciones, o ayudará a mejorar
determinados síntomas asociados. Su principal campo de acción son
las afecciones leves y moderadas, así como las enfermedades
crónicas, y es útil por tanto en la terapia de más del 90% de las
afecciones tratadas habitualmente en asistencia primaria.

Principales patologías susceptibles de ser tratadas con
fitoterapia

Plantas recomendadas para padecimientos

Sistema nerviosoAnsiedad, Depresión, Tensión:
Melisa, escutelaria, Damiana, Valeriana, Ginseng
Aparato circulatorioajo. Caña de azucar, Castaño de indias, Cipres, Digital, Cola de caballo, Espino Blanco, Ginkgo, Olivo, Romero, Rusco, Tojo, Vid, Vincapervinca
Desordenes digestivosDolor de estomago:
1 Espasmos estomacales: Manzanilla, Melisa, Mundillo, Anis, Hinojo, Menta, Ajonjera
2 infecciones digestivas:
Ajo, infusión de ( Calendulo, Milenrama, Menta piperita, Neveda) mezcler a partes iguales ,tomar 2 cucharadas por taza de agua tomar 2 tazas al dia
3 nauseas y mareos en viajes:
Jengibre, galanga, cúrcuma
4 Digestión débil:
Swertia, Centaura menor, limon,
Nauseas por problemas emocionales:
Melisa
5 vomitos con mareo y vertigo:
Marrubio negro
6 Nauseas con jaqueca:
Menta piperita, Poleo

Aparato urinarioInfecciones urinarias
Litiasis
Aparato locomotorInflamaciones osteoarticulares
Artrosis
Aparato reproductorSíndrome premenstrual
Alteraciones de la menstruación
Síntomas asociados con la menopausia
Hiperplasia benigna de próstata
Aparato digestivo, hígado y conductos biliaresInapetencia
Estomatitis, gingivitis y glositis
Dispepsia
Flatulencia
Gastritis y úlceras
Cinetosis e hiperémesis gravídica
Estreñimiento, diarrea y síndrome del intestino irritable
Hepatitis
Discinesias biliares
Afecciones dermatológicasAfecciones inflamatorias e infecciosas de la piel y las
mucosas
Contusiones y traumatismos
Psoriasis
Aparato respiratorioGripe y resfriado
Rinitis y sinusitis
Faringitis
Bronquitis y asma

Fuentes de información en fitoterapia


La prescripción de fitoterapia requiere que el médico esté
familiarizado con los principios activos vegetales, sus mecanismos
de acción y las formas de dosificación que le son propias. Por ello, es
imprescindible que el profesional de la salud interesado en la
fitoterapia conozca las fuentes de información específicas, necesarias
para poder practicar una fitoterapia racional. En relación con las
publicaciones disponibles sobre plantas medicinales, debe tenerse
en cuenta que:
• Las fuentes documentales no son tan abundantes en fitoterapia
como en otras áreas terapéuticas, aunque existe un importante
volumen de información científica sobre aspectos parciales
(química, farmacología, toxicología y clínica) que frecuentemente
se encuentra dispersa y tiene una relevancia muy variable en la
evaluación de la calidad, de la seguridad y de la eficacia.
• Hay una limitación lingüística, y existen relativamente pocos textos
fiables escritos en español.
• Frecuentemente las publicaciones no se han elaborado siguiendo
criterios adecuados: unas veces los autores basan sus afirmaciones
únicamente en usos populares no siempre contrastados; en otras,
el exagerado empeño en demostrar las bondades de la fitoterapia
les lleva a tergiversar la información, extrapolándola y
convirtiendo en indicaciones clínicas los resultados de estudios de
laboratorio; en el extremo opuesto, hay autores que exageran las
precauciones necesarias hasta el punto de que sólo un especialista
podría utilizar la fitoterapia.
• Se observa una enorme variabilidad en cuanto a las dosis
terapéuticas propuestas en diferentes textos, debido a que no se
ofrecen datos procedentes de estudios clínicos o aceptados por los
comités de evaluación, sino que han sido extraídos de textos más o
menos antiguos.
Por lo que se refiere a la búsqueda de información, como norma
general es recomendable ir de lo general a lo particular: de la
literatura secundaria (libros, revistas de revisiones, revistas de
índices y resúmenes, bases de datos bibliográficas, etc.) a la
literatura primaria (revistas científicas de investigación, patentes),
donde se publican por primera vez los descubrimientos y avances
científicos. Y, como es lógico, es conveniente empezar por el materia